En las últimas décadas, la preocupación sobre los productos que consumimos ha ido aumentando. Por ello, los gobiernos han reforzado las regulaciones concernientes al etiquetado. Para ello, se han creado certificados ecológicos a diferentes niveles (regional, nacional, europeo, etc.). 

El fin último es que el consumidor pueda saber fácilmente qué clase de producto compra. Motivo por el cual se introdujeron las ecoetiquetas.

¿En qué consisten las ecoetiquetas?

Son una forma de identificar los productos respetuosos con el medioambiente rápidamente. También, una forma de diferenciar qué hace a cada producto ecológico.

Están reguladas según varias normas ISO o por leyes a nivel estatal. Algunas necesitan certificación de terceras empresas. Otras, simplemente, una explicación sobre qué hace ecológico al producto etiquetado con ella. En cualquier caso, esos productos estarán bajo escrutinio público y privado para evitar posibles fraudes de greenwashing.

Etiqueta ecológica de la Unión Europea: ecolabel

Esta se puede utilizar voluntariamente por las empresas. Pero, de solicitarla, se estudiará el impacto del producto en diferentes áreas, entre otras:

  • el uso de recursos naturales
  • la utilización de energía
  • los residuos emitidos a la atmósfera, el suelo y el agua
  • otros efectos sobre los ecosistemas, incluyendo los ruidos.

Marca AENOR – Medio Ambiente

Es una certificación que da AENOR basándose en normas ISO. Las empresas que obtengan esta etiqueta deberán acreditar ante este ente su compromiso con el medioambiente. Si no lo sabes, AENOR fue la primera entidad española acreditada ante la ONU por su compromiso con el protocolo de Kioto.

Etiqueta de eficiencia energética

En este caso, estamos frente a una de obligatorio uso en productos eléctricos. Desde hace años, está en todos los electrodomésticos y debe indicar la categoría a la que pertenece. Para entenderlo un poco mejor:

  • va desde la letra D (poco eficiente)
  • hasta la A (más eficiente). En esta última pueden añadirse símbolos de suma hasta la A+++, siendo esta la máxima eficiencia energética.

También, dependiendo del tipo de electrodoméstico, puede contener información complementaria en la parte inferior. Por ejemplo, las lavadoras tendrán el nivel de ruido y las neveras la capacidad de almacenamiento.

Ver más: ¿Qué frigorífico comprar? Consejos para elegir un frigorífico eficiente

Además, si cumplen ciertos requisitos puede añadirse una etiqueta ecológica de la Unión Europea. Sin embargo, esta es totalmente voluntaria para la empresa. Para obtenerla, solo tendrá que solicitarla si así lo desea y se le concederá si alcanza las exigencias.

La ISO 14001

Aunque esta norma no es una etiqueta en sí misma merece un apartado. Esto se debe a que numerosas empresas de control de calidad la utilizan en sus certificaciones. Muchas lo solicitan a pesar de ser voluntaria porque es una forma de garantizar su sostenibilidad.

Imparcialidad  y criterios

Las empresas que se encargan de auditar los productos o servicios son imparciales en lo que respecta al producto. Entre otros, algunos ejemplos son los sellos de AENOR o SGS, que acreditan:

  • una actuación ambiental superior en el sector
  • el cumplimiento de todas sus obligaciones ecológicas
  • alcanzar nuevos objetivos ambientales.

Sin embargo, no marca unos criterios concretos para obtener la certificación. Aun así, los compromisos de la empresa deben ser claros y completarse sin excepción. Por eso, no podrán prometer un programa de medidas para obtenerla y no cumplirlo.

Existen normas más modernas que regulan las etiquetas de manera cada vez más específica. También, es previsible que los requisitos para obtenerlas y lo específicas que sean aumente con el tiempo. Porque cada vez debemos ser más exigentes con las empresas que se dicen ecológicas. Así, se verán en la obligación de seguir mejorando en ese campo.

Esto, además de abaratar los productos que cumplen la norma, hará que lo que consumimos tenga mayores garantías de sostenibilidad a largo plazo.

Fuente: Ecotrendies
Asuntos Verdes